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Los animales más frecuentemente usados son los domésticos o de granja: perros, chanchos –la vagina de la chancha es la más parecida a la de la mujer-, ovejas, burras, yeguas, gallinas.
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La situación no es semejante en el campo que en la ciudad. En el medio rural, es común –aunque no universal- que los jóvenes varones se inicien sexualmente con una burra, una ternera, una oveja o una chancha, lo cual surge de las historias sexuales.
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El uso experimental u ocasional de esta práctica zoófila, por falta de disponibilidad de parejas humanas apropiadas, no constituye una parafilia, pues apenas acceden a la posibilidad de prácticas normales, es sustituido por ellas sin secuelas. Bianco (7) propone denominarlas “experiencias zoófilas”. En cambio, cuando la fantasía y la práctica se vuelven necesarias y exclusivas y se acompañan de disfunciones sexuales con parejas humanas, se instala una zoofilia.
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En Colombia, es característico el copular con una burra por parte de los jóvenes campesinos. Y en todos los países, cuando hay gallinas muertas en una granja, primero se trata de establecer si no hay jóvenes que las han penetrado sexualmente, lo que les provoca la explosión vaginal y la muerte.
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En la ciudad, el animal doméstico más utilizado para practicas zoófilas es el perro, y por parte de mujeres. Suele ser entrenado para practicar el lambitus o estimulación lingual de los genitales femeninos. Raramente, se han descrito coitos entre perros y mujeres.
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Cada tanto, la historia de una mujer mordida o lastimada por su can acompañante, o la de un varón cuyo pene fue lastimado o mordido por un perro o perra en un acto zoófilo, ocupa el lugar de las noticias de publicaciones sensacionalistas, si trasciende.
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La situación se facilita cuando se permite que el animal duerma en la misma cama que el amo. La zoofilia es más frecuente cuanto mayor es la convivencia del animal con el ser humano.
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Volviendo a la realidad actual, los zoófilos son personas que tienen una particular dificultad de relacionamiento social, y desde luego, sexual, con otros seres humanos.
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El carácter de seres inferiores, subordinados al ser humano, domesticables, fieles y sumisos, sobre todo, hace que los animales sean el consuelo vicario, pobre y subhumano de los zoófilos.
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Un caso presentado por Rodrigues relata que el acto sexual vaginal y anal de una mujer con perros, es altamente placentero, y la paciente incluso recomienda entrenar al cachorro desde pequeño para la mayoría de las razas, excepto los dálmatas, ovejeros alemanes y policías, que aprenden más tarde. Pero quienes tienen practicas zoófilas suelen criarlos desde pequeños para que el entrenamiento sea adecuado y sin sorpresas, como mordeduras y arañazos.
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Dice Descamps que es perfectamente comprensible que el animal tenga un lugar de privilegio en la sexualidad fantasmática porque desnudo, mostrando sus órganos genitales, siempre en celo, salvaje, brutal, infatigable, violento, feroz en ocasiones, bestial y sin remordimientos, representa el sexo en estado puro. El animal es la imagen del Ello.